
El no pudo más y no alcanzó a evitar correrse en su boca, ella no se apartó, sino que, diligente, tragó todo el semen, saboreó todo el semen como si de ambrosía de dioses se tratara, una delicia de gourmet, como si no hubiera comido durante siglos, y en verdad era la primera vez que lo probaba. Y le había gustado tanto, que le lamió el pene hasta que el sintió que le ardía la piel.

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