
-Caliéntame, amor…Ven, bésame.
Una presión dura sobre mi abdomen, me inquieta, me excita.
-Me encanta sentir tu verga apretándome, diciendo "Aquí estoy".
- Es que está pidiendo a gritos que te clave mi amor...
-¿En dónde la quieres clavar cielo?
-Ahora cuando te desnude, te digo...
- Quiero quitarme la ropa.
Tu piel erizada y tus manos urgentes me recorren. Me sientas sobre tí. Me besas. Me encanta que me comas la boca, con ganas de acabártela. Como si fuera una fruta. Deslizas hacia arriba mi camiseta. A media luz, el sol apenas va asomando en el horizonte. Imagino que mi blanca piel deslumbra en comparación con el negro sostén. Tus manos cubren mis senos, los presionan, los pellizcan. Lo desabrochas por atrás y me miras.
- Eres tan preciosa, poderosa, perfecta, tan hermosa...
Tus manos se concentran en mis pezones, los acaricias suavemente. Yo te miro, te dejo hacer, montada sobre ti, a los ojos. Te escucho respirar agitadamente.
Tu verga se siente rígida, me deseas, me desea… presiona sobre la tela de mi pantalón, debajo siento mi vulva hinchada, caliente, casi me duele…te desea…desea tu daga.
Desabrochas mi cinturón y mi pantalón.
- Preciosa, quítate la ropa, quiero verte desnuda, eres tan regia.
De pie sobre la cama termino de desnudarme. Tú me miras desde abajo. La perspectiva me llena deseo, observas mis nalgas, mis senos, mis muslos, mi tanga negra de encaje.
-No sabes cuánto te deseo...cuánto me encantas…me dices.
Me acuesto, de frente a tí, coloco mis pies a cada lado de tu cabeza. Tú miras mi vulva hinchada bajo el encaje. Una gota de humedad oscurece la tela.
-Ven, acuéstate sobre mí, poséeme, soy tuya. Tómame…. gózame, amor…goza tu hembra…
Me siento sobre tu verga, erguida y brillante, coloco mi vulva suave y caliente, aún vestida, encima de tu carne erguida. Me tomas del cuello, me acercas hacia ti. Mis pezones rozan suavemente tu pecho. Yo me doy gusto moviéndolos de lado a lado sobre ti, trazando caminos sobre tu torso. Cierras los ojos y gimes al contacto de mi piel con la tuya.
-Me vas a volver loco….
Te beso, me besas, nuestras lenguas se abrazan. Se reconocen, se recuerdan, nuestros labios chocan. Tú acaricias mi espalda, me pides que meta la lengua en tu boca. La succionas con decisión, y yo siento golpes de sangre en mi flor, los pétalos me laten, me queman….
-¿Y si te la meto solo un instante?
Yo dudo, no respondo, no hago nada. Solo siento el gusto, el placer de los escalofríos que tu cuerpo desnudo ocasionan al contacto del mío.
Tomas mi tanga y la haces a un lado delicadamente, te reconozco en esa delicadeza en ese ceremonioso modo de palparme. La sostienes con los dedos, ya no hay nada que nos separe. Lo llevas a tus labios, tú sabes lo que besas….yo, mi ser, mi feminidad mi alma de mujer…
Mi humedad se siente, tu verga se baña de mis efluvios, mis jugos. Yo me recocijo sintiendo con los labios, mis delgados pétalos como tú los llamas, humedecerse anhelantes. Deseosos de absorber y literalmente tragar toda tu verga.
Te desesperas por meterla, pero yo no hago nada. Me elevo unos centímetros, y tu verga se separa de tu abdomen. Se yergue insistentemente, tratando de alcanzarme. Me hago unos centímetros para adelante, y tu cabezota roja se posa, muy suavemente entre mis labios.
Tan solo un empujón tuyo y estarías dentro de mí. Tan solo un envión y un movimiento mío y entrarías limpiamente. Pero estoy retrasando el placer lo más posible, gozando tu impaciencia, observando el deseo que te consume, escuchándote jadear, mirando tus oscuros ojos, que no se separan de los míos. Esa mirada que me hechiza desde hace un año exactamente
Me vuelvo a sentar sobre tu verga deliciosa, y se vuelve a pegar a tu abdomen. Y comienzo a mover mis caderas que tanto te conmueven como expresión de mi poder, de mi feminidad hacia adelante, hacia atrás, masturbándome con tu cuerpo, frotándome el clítoris con tu verga tan tiesa, pedazo de carne en fuego.
Con ambas manos, detienes mi vaivén. Sujetas mis caderas, las elevas. Colocas tu verga en la entrada de mi vagina y muy suavemente, muy lentamente, me mueves hacia abajo, entras en mi. Me encanta saborear esos segundos, sentir la suave cabeza, taladrarme el alma por dentro, cómo me abre, cómo se introduce en mí, cómo encuentra su lugar.
-Solo un segundo, ahorita la saco. No te muevas.
No estamos haciendo nada. Solo nos miramos, escuchando nuestras respiraciones y la humedad de nuestros jugos entremezclados ardientes. Nuestros ojos no se separan, nuestros pechos suben y bajan.
Yo siento que me quemo. El deseo por moverme se hace casi insoportable. Toda mi piel se eriza, en olas que recorren mis extremidades. Tú gimes, mientras me observas con delectante ansia.
Yo sentada sobre ti, tú dentro de mí. Quisiera que ese instante se congelara para siempre. Que un hechizo nos inmovilizara, y nos dejara de esa manera para siempre. Te amo….