
Los ventanales dejaban afuera gotas de lluvia,
los dos, sin recuerdos, desnudos en la cama.
Éramos creadores del universo,
tú despertando vida sorbiéndome con tu boca,
yo dándote forma una y otra vez con mi lengua.
Chispas cargadas de deseos cruzaban
el espacio entre tu piel y la mía,
los gemidos con pasión se elevaban
al ritmo de caderas que nos sacudían.
Mi sudor y el tuyo recorrían
un canal formado en tu vientre,
querían mezclarse con tu savia
y formar un nuevo compuesto, único y silente.
Vacilante mordí los labios de tu flor sagrada,
y entonces sentí entre mi lengua y mis dientes,
vivo, palpitando por primera vez...
los primeros latidos de nuestro mutuo placer.
Fue delicioso libar tan rico licor.
yoseidan.

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