lunes, 29 de junio de 2009

Nuestro hotelito del E






Caminamos, tuvimos que hacer algunas compras, de pronto me miraste, te miré, nos sonreímos… sonreímos con esa complicidad de amor que nos caracteriza, todo era perfecto, como siempre. Sabes que siempre serás especial, el único, mi caballero. Jamás te fue infiel, tú como hombre me llenas y tus ausencias solo las lleno pensando en tí, en tí, que sacias mis ansias de hembra, mis ansias de mujer. Una nueva sonrisa... y de cuatro zancadas estabas pagando en el guichet del hotelito que descubrimos hace casi un año… y arrastrándome prácticamente de la mano, escaleras arriba. Notaba el bulto en tu pantalón, sentía la febrilidad en tus manos que me arrastraban, y mi corazón saltaba de ansias, de excitación, ante la inminente llegada del sexo placentero, del macho arrasador, del sexo intenso que tanto disfrutamos los dos hace casi un año. Me sonreía para mis adentros, pues sentía tu potencia de hombre maduro y amoroso, ardoroso entre nuestras cositas bellas a recordar, tus recuerdos, mis recuerdos, nuestros recuerdos, mil encuentros, mil y una caricias, mil y una poesías.Te diste cuenta que estaba nerviosa saboreabas tu Jack Daniels, u me mirabas con lascivia, mientras conversábamos, licor que te pone “muy especial”, claro, estaba yo, con mi faldita blanca muy ceñida, muy cortita, mi blusa rosada, también... Después de saborear tu licor, me retiraste la copa de la mano, y la hiciste a un lado; sin mediar palabras me llevaste primero al sofá, me hiciste sentar, lo que fue una suerte, porque mis piernas ya no respondían. Fue entonces cuando en medio de un millón de estrellas sentí la suavidad de tu boca, primero en mi mejilla, y luego bajando hacia el cuello, hasta mi hombro, mientras deslizabas suavemente tus dedos bajo mi faldita. Yo estaba muriendo. Te tomé el rostro entre mis manos, y mirándote fijo acerqué mi boca a la tuya para saldar una deuda que teníamos desde hace tiempo: un beso largo y profundo..hambriento, húmedo, anhelante. Fue hermoso, cuando tomaste mi rostro con tus manos y sosteniéndola contra el tuyo, con tus manos en mi cabello, nos fundimos el uno con el otro. Despacito, como tú sabes hacerlo, con tu lengua hambrienta. La sentía despacito entrar hasta lo más profundo de mi cuerpo. Poco a poco pasamos a la cama, la recorrimos toda, la cabecera, los bordes, y sobre todo al pie de la cama en posiciones deliciosas, siempre bebiendo de mi boca y yo bebiendo de la tuya esa saliva tibia de amor, de ti de mí. No recuerdo el tiempo, solo que transcurrían los minutos y como dos horas quizás… Te la regalé en realidad el resto de mi día, dejándolo olvidado sobre el calor tibio de la cama...Yo con mi boca desabotonando tu camisa, encontrándome a cada paso con un trocito de tu pecho, hasta que llegué a tu pantalón, levanté la cabeza y té vi, con los ojos en mí, esperando, como una fiera que espera el momento adecuado para dar el zarpazo, te desabroché el cinturón y terminé de desnudarte, sin dejar de mirarte.Cada caricia, cada beso, cada trazo de humedad, era un pedazo de cielo. Sentí tu boca en mis pezones, esos botoncitos sagrados que tanto te gustan, lamiendo, besando, mordiendo, chupando como un niño, mientras yo no terminaba de dar gracias a la vida por este momento. Entonces sentí tu mano deslizándose hacia abajo, cada vez más abajo, hacia mis tobillos, y allí empezó a subir por mis piernas, hasta mis rodillas, luego los muslos, y empezaron a jugar con mi entrepierna. Finalmente te escabulliste entre la humedad de mi sexo, y tus dedos entre juegos se introdujeron lentamente en mi interior. En caricias orales de nuestros sexos ardiendo. Besaba y mamaba con delectación tu verga, bebías mis delicias húmedas de mi flor sagrada. Sentiste mi gemido en tu oreja, que se mojó al chuparla y volviste a besarme mientras tu mano seguía jugando, con un ritmo lento pero seguro, y acelerándose a cada paso.Yo no podía más, y tampoco quería terminar tan rápido esos instantes; entonces te empujé hacia atrás y empecé a deslizar mi lengua por tu pecho, hasta llegar a tu vientre. Sentía tus manos en mi cabello, era casi rubio, recuerdas, me dijiste que te gustaba asi… hasta que llegué a tu daga preciosa erguida, destacando sus venas calientes y empecé a jugar con mi lengua, mientras veía cómo tus ojos se cerraban y tus labios se remordían.Empecé por el glande, y fui bajando hasta introducirlo todo lo que pude en mi boca, entones empecé a succionarlo, una y otra vez. Evidentemente quisiste recompensarme, y te arreglaste para irme acomodando de tal forma que tus manos llegaron nuevamente a mi vagina, y entonces el ritmo de tu penetración era más acelerado, querías poseerme por allí, no me resistía, me excitaba avalarte entero, y aunque lo hacía con dificultad, el placer me permitía encaminar tan grande carne hasta la garganta en donde disfrutaba tus ojos cerrados por la intensidad de la sensación. Entre lamida y lamida tenía que detenerme a gemir por el placer que estaba sintiendo, hasta que finalmente me tumbaste sobre la cama blanca, grande, y abriendo mis piernas te introdujiste en mí, dejándome tocar el cielo con las manos: te sentí una y otra vez, en medio del ensueño, sentía como seguía mojándome, y lubricándome, cada vez más, hasta que sentí el temblor en mi cuerpo, que acompañé con un grito: Toma mi alma, mi amor…. que hizo que todo mi cuerpo se contrajera, y volcando la cabeza hacia atrás empecé a susurrar, y a gritar y a gemir. Entonces aumentaste tu ritmo, y te vi otra vez mientras tu semen se derramaba dentro de mí, caliente, ardiente, y gritaste de placer. Estuvimos así un rato quietos y entonces te levantaste y te tumbaste a mi lado, y me abrazaste, yo pensaba si no habría sido un sueño. Pero no, tus manos, tus ojos, tu verga, reclamaban más y ... yo, como siempre, estaba dispuesta a darte todo… luego….unas palabras quedas…unas caricias tiernas, unas miradas preciosas, unas sonrisas bellas…y a amarnos nuevamente… bajé nuevamente a tu vientre …mientras hundía un poco mis dedos entre tu ingle, causando reacciones involuntarias, rocé tu pecho con mis senos y los dejé pasearse por tu cuerpo hasta llegar a tu verga, que ya estaba nuevamente inquieta, cómo admiro tu virilidad a tus 57 años amor mío, bajé un poco más y te dí pequeñas mordidas a tu pelvis, algunos vellos quedaron atrapados entre mis dientes mientras gemías de dolor y de placer al mismo tiempo, mi lengua buscó ansiosa mitigar esos quejidos, que ahora se convertían en palabras diciendo, Siii, así, quiero más, Hazlo asíii...Atrapé dentro de mi boca con rapidez uno de tus testículos y lo succioné suavemente, muy suavemente mientras mi mano recorría la parte baja de tu deliciosa verga, solté uno y tomé el otro, y dentro de mi boca lo manipulé un poco, como si jugara con dos bolas de billar e n mis manos, tan solo torciéndolos levemente; recorrí tu zona perineal y me aventuré un poco a hacerte sentir el calor de mi boca, mis labios y lengua, subí de nueva cuenta en tu verga y la introduje en mi boca, comencé a succionarla, morías ya de placer, lo sabía, conozco todos tus detalles amor mío, ejercí cierta presión sobre la parte perineal, con ritmo…..Luego nada más…solo la paz…solo el silencio solo tu abrazo, no sé cuántos minutos pasaron…hasta que me despertó tu insistente recorrer por mi cuerpo de diosa…esas caricias que buscan algo, que buscan más, era mi cintura, eran mis caderas, eran mis nalgas femeninas, buscadas por el macho hambriento, me diste la vuelta, boca abajo luego te sentí poderoso, buscabas mi derriere, aquel poderoso atractivo femenino para el hombre, abriste mis nalgas y entraste con decisión, un grito de dolor, más de placer inesperado y comenzaste a moverte ahí haciendo crecer mi placer, me dejé hacer, me gusta que hagas todo de mí. Cuando me abandono a tus placeres, cuando me usas, sé que soy tu dama, se que soy tu esclava se muy bien que soy tu hembra y me gusta tanto abandonarme en tus brazos para que me poseas como quieras, y me gusta ser tu mesalina, ser tu amante, tu mujer y tu prostituta, por eso te dejo entrar triunfante en mis nalgas en esa penetración sagrada de mi femenino culo, donde te sientes ´´u, donde me siento yo. Donde el placer de hombre y de mujer se funden en la posesión completa y sublime ¿Qué era lo que yo deseaba? ... lo sabía bien, así que continué haciéndote enloquecer, para que no pudieras pronunciar palabra alguna, para que no pudieras rechazar mi juego, mi deseo; te incité tanto, que no tenías ya fuerzas para decir: Detente, tan solo de tu boca salió una pequeña vocecilla que dijo ¡No puedo más, no puedo contenerme! en ese momento sentí como mi cuerpo se inundaba de ese precioso líquido, de tu sagrada miel, me inundaste toda, desbordó de mí, salí de ti y te recibí desesperada en mi boca nuevamente y te bebí, te bebí entero mi amor, ahora era yo quien no podía con tal cantidad de semen, así que opté por distribuirlo usando tu verga, en mis mejillas, mi cuello y mis senos ... hice el amor como quise y me aproveché de tí como si fuera lo último que hiciera en mi vida. Sabía que no me arrepentiría. Te lo había dicho tantas veces. ¡Tú sabías cuánto te amo amor mío, mi amor. Sé que otra vez, no sé cuándo, pero nuevamente estaremos allí, lo sé, el cielo me lo dice. Tu Gotita de miel…

No hay comentarios:

Publicar un comentario