
Cerrando la puerta del cuarto de baño, se abre un mundo exclusivo para mí, para encontrarme y para a solas, ser yo misma. Me encuentro ante nadie, frente a mi misma y descubro todo aquello que oculto a la mirada y al conocimiento de los demás.Lentamente quedo ante el espejo, éste no alcanza a reflejar mi tamaño real, difícil sería cuando tan solo ha de medir un metro contra mi uno cincuenta y cinco, veo entonces en él, el reflejo de la envoltura que contiene mis sentimientos y pensamientos. El peso que envuelve, ha llegado en los últimos seis meses a los cincuenta y cinco kilos, habrá que hacer algo.Aún conservo apetecible, lo que por durante treinta y ocho años, ha sido el cuerpo que me ha acompañado, puedo ver mis senos, mis muslos y piernas, mis nalgas, aquellas que tanto agradan a mi hombre, sacudo un poco mi cabellera para alentarme a disfrutar de un momento de relajamiento, y puedo ver como vuela un poco la mediana melena, con algunas canas que hablan de dichas y penas, cubiertas por un entintado caoba.Entro bajo el chorro del agua y ésta, empieza a resbalar sobre mi piel, dejo ir mi cabeza hacia atrás dejándola descansar sobre uno de los muros, mientras intento sacarte un poco de mi mente.No lo consigo porque pareciera ser que el trabajo ocasiona instintivamente lo contrario, estoy aquí ofreciéndote lo que deseas, tan solo pensando en tu propio placer, en tanto siento como el agua sigue por cauces que me inquietan, no sé siquiera si el ardor que siento en mi cuerpo, corresponde al agua que supongo debe estar muy caliente o si es producto del deseo que hay dentro de mi cuerpo. La tensión diaria ha quedado en el olvido.Abro mis ojos tan solo por hacerlo, sin buscar más nada, y me encuentro con una visión divina, estoy envuelta en una capa arremolinada de vapor, éste también envuelve mi piel así como mis sentidos, siento mi frente sudar, mis labios me tiemblan y un dolor lacerante hace presa de mis pétalos sagrados, mis labios vaginales, y de la profundidad de este rincón vacío.A mí también me duele, me duelen las partes de mi cuerpo que ansían sentir que tus manos las recorran, llevo mis manos largas a mi nuca y me doy un ligero masaje, cierro mis ojos y vienes a mí con tu imagen, tu presencia. Mis manos ahora son el resultado de tu pasión y empiezan a recorrer mi cuerpo, bajas lentamente por mi cuello hasta alcanzar mis senos, mis manos no alcanzan a cubrirlos, son más grandes tus frutas amor mío; sin embargo tus manos los aprisionan por completo.Recargo un poco mi cabeza sobre tu mentón y tomas entre tus dedos mi barbilla, levantas un poco mi rostro y puedes ver mis ojos color de miel, no hay nada extraordinario en mí, excepto mi alma anclada a este cuerpo sensual, pero puedes sentir en mis labios el calor y la pasión del amor, del sentir, del vivir un placer intenso, éste que en todo momento humedece mi ser, éste que moja en momentos precisos la delicada tela que cubre mi pubis poblado de hilos de plata que tanto de agrada mirar y saborear.Puedes recorrer con tus manos mi torso llegando a mi cadera, mis nalgas sin nada de qué presumir de extraordinario tienen la fuerza de mujer ardiente y contrastan con el tono moreno claro de mi piel. Éstas se ven casi blancas, poco se regalan al sol últimamente. Acaricias mis muslos para mi gusto llenitos y posas rápidamente tu mano sobre mi flor, la flor de tus intensos desvaríos, la flor de tu lujuria, la flor de mis intensos deseos de tí.Tantos pensamientos marean mi ser y el deseo que siento explotar, me hace dirigir tu mano a sentir entre tus dedos las Ninfas hinchadas y calientes que cubren el clítoris que también crece en deseos de recibir tu caricia.En tanto tus ojos se encuentran reconociendo mis senos de buen tamaño, sin ser muy grandes, te gustan, coronados con un hermoso pezón con matices color café hasta culminar con un intenso tono café oscuro. Erectos y deseosos de sentir tus labios, tu boca mordiendo y chupándolos, como queriendo exprimir el néctar divino por donde fluye mi ser lascivo de mujer.El dolor aumenta, así como el deseo, te incito a tomar entre tus dedos mi clítoris y apretarlo dulcemente, tan solo para que sientas cómo por el deseo crece. Recorres entre el agua y la espuma del perfumado jabón que se encuentra empapado de mi cuerpo en las paredes internas de mis pétalos ansiosos.Buscas el camino para que lleguen fáciles tus dedos dentro, y siento el deseo intenso de recibirte todo. Me dejo caer sobre el muro, mientras sigo sintiendo como introduces dentro de mí uno a uno tus dedos y cómo los mueves en mi interior en caricia urgente, es delicioso.Cierro mis ojos y puedo tenerte junto a mí, e inicio una poesía con tu cuerpo al tacto, y no aguanto un segundo más, y recorro con mi lengua el cauce que sigue el agua recorriendo tu cuerpo, mi lengua te envuelve por completo y me encuentro en tu torso; tus pezones los tomo entre mis dientes y me da un deseo enorme de morderlos hasta arrancarte un grito de dolor, que la pasión excite a cada poro de tu piel, para que te entregues a mí, para que yo te tome entero en mis recónditos pliegues.Sigo en tu cuerpo bajando hasta encontrarme con tu verga erecta, mi boca ansiosa se apresura a llegar, entreabierta de pasión y empiezo a succionarla con gran ansiedad. Me la quiero comer por completo, en tanto dejo a mis manos en libertad de recorrer tus glúteos, desde la base de tu verga hasta la entrada de tu ano, e intento introducir uno de mis dedos dentro de ti, juguetear con esa entrada, te excita bastante y en ritmos divinos entro en ti, en tanto que tú entras en mi.Excitada al límite del paroxismo, deseo no me moje más el agua, que sigue aún recorriendo mi cuerpo ardiendo. Deseo que me bañe la cascada intempestiva y poderosa de tu verga eyaculando en mi boca, y que escurra y camine por los mismos cauces que el agua se ha permitido seguir. Me agrada tanto sentir cómo se deslizan hilillos de deliciosa lava masculina por mis muslos desde el triángulo sagrado hasta la piel interior de mis rodillas. Deseo sentir tu semen sobre mi cuerpo y luego que tus manos lo extiendan por todo mi ser.En tanto esos pensamientos nublan mi vista, escucho el ruido de las olas haciendo explosión chocando contra las rocas y siento el vigor de tu mano empujando tus dedos dentro de mí, excitándome al máximo y sin poder un segundo más me envuelvo en el calor, descarga eléctrica, deseo frenético, producido por un clímax violento que me recorre como un rayo y su trueno por mi columna vertebral y me hace desearte aun más, ansiarte más. Mi mano bañada por mis fluidos se posa sobre mi pelvis, escurro por dentro hasta la última gota de este intenso placer y tan solo pienso envuelta en la calidez de tu no presencia ... ¿Cómo será estar contigo este instante mi amor ? Piénsame amor mío, que el cielo me hizo para ti…

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