lunes, 13 de julio de 2009

En la penumbra


Cuando entré en la habitación, no esperaba encontrarla en penumbra y me costo en un principio acostumbrar a mis ojos a ella, aunque pronto te divisé, estabas desnuda, echada sobre el sillón como una gata en celo, vi tus pechos con esos pezones que tanto me gustan ya exaltados, duros, turgentes… como dos focos imposibles que me llamaban con la voz de la selva y lo recóndito, pero quise esperar, tomar mi tiempo, anduve por la habitación unos pasos, la suite era enorme, te vi mejor, tu piel resaltaba como si tuviera un aceite corporal y esbocé una suave sonrisa apenas percibible en aquella semioscuridad, pero que debiste sentir porque te moviste y al ritmo que mis ojos te recorrían tus dedos intuitivos bajaban por tu cuerpo rastreando los sitios en que me sabias con ganas de sentirlos…así, al poco rato, acabaste en tu sexo, ese coño delicioso, con un brillo lleno de expectativas, y con el que empezaste en el silencio del cuarto a llamarme con insistencia…

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