viernes, 17 de julio de 2009

A las diez mi amor.....



Anoche... cuando mi casa se fue quedando callada y todo se hizo quietud y calma, acudí a tu llamada. Descansas cómodamente la cabeza en el mullido respaldo del sillón, paladeando el sabor de un jack daniels, con tu copa en la mano, acariciando el suave cristal, la pluma en la mano acaricia el papel suavemente. Sé que me piensas... lo veo en la sonrisa que dibuja tu rostro y me acerco lentamente, para no interrumpir tu inspiración. En la terraza hace fresquito. Sólo se escucha el sonido del hielo derretirse en la copa, el tic tac de un reloj y el chispear de las velas que tienes encendidas...

Mis zapatos resuenan por la duela en la casa vacía, ecos plenamente femeninos, con pasos lentos y tímidos. Sé que estás ahí y también sé que me esperas...
Desde el umbral de la puerta solamente puedo ver tus piernas, cruzadas a lo largo de manera indolente. La sombra del respaldo del sillón oculta el resto de tu ser. Avanzo lentamente, me coloco frente a ti, me acabas de descubrir...

Mi silueta se recorta ante el brillo de las flamas. Miro a ambos lados y, lentamente, me quito el abrigo. Lentamente, desabrocho los primeros botones, desde arriba hacia abajo. Tan solo llevo un corsé de encaje champán, que contrasta con mis femeninas y suaves curvas... Mi piel, al contacto con la luz, se estremece como un animalillo vivo, que se regocija al calor...El abrigo cae al suelo y mi figura se muestra al fin, ante ti... Mi cabello cae sobre los hombros y mis ojos miran a la oscuridad...

Permanezco ante ti... Te levantas y te acercas, caminas lentamente hacia mí cubierto con una bata color café, con capucha, que te dá un aire de monje benedictino que me encanta...

Extiendo mis dedos y con mis uñas y las yemas, desanudo el cordón que la cierra. Cuando la bata se abre, mis manos se escurren entre los pliegues, manos frías por el ambiente, buscando y sintiendo el calor de tu cuerpo. Abres los pliegues de la bata y me cubres con ella. Mi piel se estremece al pasar del frío a la calidez de tu piel. Te rodeo con mis brazos y apoyo mi mejilla en tu pecho, tus brazos me rodean y lentamente me sujetas contra ti. Respiras mi aroma, dulce, de mujer. Mientras tanto tus manos me recorren...

Lentamente exploras mi boca, sus contornos, lamiendo mi lengua, sintiendo como mi sabor te hipnotiza. Tu mano izquierda baja y sujeta mis glúteos, introduciéndose entre mis piernas desabrochando la parte inferior del corsé, mientras la diestra me aprieta contra tu piel desnuda. Con los dedos desabrochas el corsé, el cual cede fácilmente, cómplice de tus deseos. Uno a uno los broches se separan y tus yemas se introducen en mi piel...
Siento tu vientre pegado al mío y tus muslos duros contra la suavidad de tu piel. Tu verga se levanta latiendo entre mis muslos, palpitando caliente como brasa de fuego y pecado. Tus labios descienden hasta mi cuello, lamiendo, chupando, besando. Mientras tu muslo derecho se introduce entre mis piernas tu mano izquierda me toma por la zona lumbar justo donde empiezan mis glúteos obligándome a montar a horcajadas sobre tu muslo, lo cual hago casi de puntillas. La suave curva de mi vientre se adapta a la tuya, adhiriéndose como solo una hiedra sabe hacerlo. Entre besos y caricias me muevo sobre tu muslo, sientes mi humedad y mi calidez te excita más aún...

Doblando la espalda bajas por la línea de mi cuello, hasta mi clavícula, la cual besas y recorres con los dientes, dando ligeros mordiscos apenas sujeto en mi piel, Besas el valle que se forma entre mis senos, y tomando un pezón en la boca, lo succionas lentamente. A cada succión un gemido mío te indica que sigas mientras con tus manos abarcas mis caderas moviéndolas en círculo. Mis músculos se tensan. Una pierna sube por tu costado, sujetando tus glúteos con la pantorrilla. Tu erección, está plena, con firmeza sujetas mi muslo y con la otra mano me levantas mientras cruzo las piernas alrededor de tu cintura, abrazando todo tu ser.

Me llevas a la cama que se encuentra detrás de nosotros y me colocas boca arriba deslizándote lenta y sinuosamente hacia abajo tallando tu vientre contra mi vagina mientras tu rostro se restriega contra mis pechos, tu boca baja lentamente hasta mi vientre y tu lengua juguetea con mi ombligo tus dedos se introducen dentro de mi sexo invadiéndome, acariciándome...
Mis manos te sujetan del cabello, llevándote más abajo hasta que tu boca mordisquea impúdicamente mis muslos, tu lengua se introduce en mi sexo. Te deleitas con mi sabor, después de algún tiempo, mis jadeos te indican que me encuentro al borde del precipicio, por lo cual, te deslizas a un costado, acercas tu verga deliciosa a mi rostro, acariciándome con ella. La sujeto con una mano mientras mi lengua recorre tus bordes, abarcándola con los labios y saboreando tu esencia...

Después de unos deliciosos minutos, te levantas y me vuelves colocándome de rodillas en la cama, con ambas manos sujetas mis caderas mientras introduzco tu verga dentro de mí. Lentamente nos fundimos en uno solo, uniéndonos, perdiéndote tú en mis entrañas tratando de llegar más dentro de mí y sintiéndote más en tu alma.

Al final, en medio de una profusión de movimientos y gotas de salado sudor, con mi rostro hundido en la almohada y mi cuerpo bajo el tuyo, una explosión de mil galaxias en espasmos estalla en nuestros cuerpos, corriendo desde el vientre hasta la última célula nerviosa de los dedos, después el sueño dulce y relajado.

Horas más tarde, la vuelta a la realidad, yo volveré a mi mundo y tú, te quedarás esperando hasta la siguiente vez que vuelvas a desear mi presencia y me pueda volver a escapar...


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